¿Por
qué es necesario formar a mis empleados?
Es importante que el propio participante valore y sienta útil aquello que
recibe como formación; si bien hay que considerar que la propia empresa también
gana mucho con ella.
Fernando A. Rivero.Tatum, consultoría comercial y de marketing
Como responsables de la empresa son muchos los frentes en los que tenemos que
actuar. La gestión y el día a día presentan retos y dificultades
constantemente.
Hay ocasiones en las que actuamos de forma reactiva, es decir, una vez que se ha
producido un determinado acontecimiento.
Por ejemplo, si recibimos la queja de un cliente con respecto al trato recibido
por uno de nuestros empleados quizás pensemos que sería conveniente mejorar las
habilidades de ese empleado en su relación con los clientes.
La formación, por tanto, puede ser una muy buena herramienta a utilizar en
determinadas situaciones para “corregir” o mejorar actuaciones negativas.
¿Qué ventajas tiene la formación?
En un contexto ideal, no dudaríamos de que la formación sea un elemento a
considerar dentro de nuestra estrategia empresarial. Es decir, si no existiera
ninguna limitación de recursos, utilizaríamos por sistema la formación como
herramienta para optimizar la gestión de nuestra empresa.
Sin embargo, la situación del día a día nos recuerda, en ocasiones con dramática
virulencia, que los recursos son limitados. Por tanto, ¿es interesante invertir
parte de nuestros recursos en formación?
La respuesta es afirmativa por varios motivos:
•La formación aumenta la productividad de
los empleados:
Una persona bien formada es una persona que sabe acometer de forma profesional
sus tareas, invierte menos tiempo en desarrollar sus actividades, aporta
soluciones que reducen costes, aumenta la eficacia, etc.
•La formación reduce los accidentes:
Los profesionales formados cometen menos errores en el desempeño de sus tareas
y, por extensión, ocasionan menos accidentes laborales.
•La formación aumenta la satisfacción de
los clientes:
Los clientes saben detectar cuándo un empleado es un buen profesional, entrenado
y formado adecuadamente. Los empleados que saben tratar correctamente a los
clientes producen en éstos una satisfacción y fidelización mayores.
•La formación reduce el absentismo laboral:
Los empleados formados se sienten más implicados con la empresa. Valoran la
inversión que se realiza en ellos y, por tanto, se sienten más cercanos a los
problemas y retos que la empresa tiene planteados. Son personas, por tanto, que
no abandonan sus responsabilidades.
•La formación aumenta la adaptación de la
empresa a los cambios del entorno:
La formación supone un esfuerzo adicional por parte de la persona. Le exige una
actitud abierta hacia el aprendizaje, el compartir experiencias, el conocer
nuevas formas de hacer y plantear el trabajo día a día. Esto hace que la
persona pueda adecuarse más fácilmente a los posibles cambios del entorno. En
parte, por su facilidad de adaptación y, en parte, porque es capaz de
anticiparse a esos posibles cambios.
•La formación aumenta la competitividad
En entornos en los que la actividad empresarial es muy “dura”, es decir, donde
existe una fuerte competitividad, los aspectos técnicos y de producción tienen
un estándar de calidad similar entre distintas empresas. Las personas, en esta
situación, marcan claramente la diferencia. Profesionales formados son sinónimo
de mejores profesionales, y ésta es una de las bazas más importantes para
competir.
¿Necesitamos más argumentos?
Como responsables de empresa, si tenemos en cuenta estos argumentos cada vez que
nos planteamos la conveniencia de invertir en formación, no dudaremos de todo
lo que podemos obtener a cambio, como “retorno” de la inversión efectuada.
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